viernes 21 de agosto de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Llegó a un sitio bajo una higuera, donde un anciano dormitaba. Nuestro héroe pensó para sí: "Seré un bastón para este hombre viejo, pero nunca revelaré quien soy. De esa manera habré de viajar por todo el Mundo Grande"

Se tornó una vara de madera y reposó junto al viejo.

viernes 17 de julio de 2009

Mi Experiencia con Ayahuasca


(La imagen la saqué de acá: http://leanyla12.spaces.live.com/Blog/cns!79DA632271408CD1!12994.entry)

Desde algún tiempo atrás se habían estado produciendo en mi vida ciertos acontecimientos separados y -en apariencia- independientes, que involucraron a diferentes personas y hechos y que, en forma creciente, fueron conduciéndome hasta un punto en el cual debí tomar una importante decisión. Todo parecía señalar en aquella dirección pero, una vez frente a la puerta, me correspondía a mí entrar.

Había tenido el privilegio de conocer en persona a Don Antonio, un auténtico chamán Shipibo-Konibo. Desde el principio me atrajeron su gran humildad y sencillez, pero principalmente algo en él que me decía que se trataba de un hombre verdaderamente bueno. Aclaro esto porque esa circunstancia fue muy importante para mí a la hora de tomar mi decisión y porque, como más adelante pondré de manifiesto, esto fue un factor clave para mi experiencia.

Me encontraba unas semanas después sentado junto a un grupo de personas desconocidas en una habitación de una casa situada en las afueras de la ciudad. Se respiraba un aire extraño, cargado de las muy variadas emociones de los participantes, algunos de los cuales estábamos frente a nuestra primera experiencia enteógena. Había en general un clima de amistad entre nosotros, y eso ayudó a atenuar cualquier nerviosismo o temor que pudiera surgir.

En el momento se nos anunció algo realmente nefasto que, si bien no nos afectaba directamente, produjo un estado de alteración generalizado en el estado de ánimo de los allí presentes. He preferido no dar más detalles al respecto.

Luego de una breve introducción por parte de Don Antonio, sentado en el extremo opuesto de la habitación, nos fueron entregando por turnos, en un mismo vasito, una cierta cantidad de ayahuasca que debíamos ingerir de una sola vez. Recuerdo que hasta antes de tomarla me sentía sorprendentemente sereno y seguro de lo que estaba haciendo, mucho más de lo que me hubiera creído capaz. Cuando llegó mi turno ingerí de un trago ese líquido oscuro, que me resultó muy amargo y francamente desagradable al gusto. Unos segundos después el pensamiento inevitable surgió en mi mente: "Ahora ya no hay vuelta atrás".

Don Antonio nos ofreció cigarrillos armados por él mismo. Según entiendo el tabaco, como la planta sagrada que es, tiene la importante función de limpiar los males. Sin embargo yo por mi parte no quise fumar ningún cigarrillo. Las luces se apagaron -salvo por la tenue iluminación que provenía de otra habitación- y ya no se encendieron más. Cerramos los ojos y comenzamos a concentrarnos. Luego Antonio empezó a cantar. Desde el principio, aun antes de que el enteógeno comenzara a hacer efecto, su voz me pareció tremendamente armoniosa, radiante y cálida. Las melodías eran sencillas y alegres, y me impartían tranquilidad.

Al cabo de unos veinte o treinta minutos comencé a divisar pequeños y fugaces destellos de color, como las piezas de un calidoscopio. Su visión era tan tenue que me pregunté si realmente el ayahuasca me haría algún efecto. Durante los minutos siguientes el efecto se intensificó a un ritmo tal que en un momento determinado ya no quedaban dudas: aquello había comenzado.

La experiencia que se inició en ese momento es muy difícil de describir. Debo forzosamente hacer algunas aclaraciones al respecto. Muchas veces se oye hablar de un estado "sin tiempo" o cosas por el estilo al referirse a estados no ordinarios de conciencia. Yo más bien puedo decir que en ese estado se pone de manifiesto que el tiempo no es lineal, como lo concebimos de ordinario, sino más bien la conjunción de innumerables hilos que se entretejen, fluyen y se transforman, o al menos eso es lo mejor que puedo describirlo. En ningún momento perdí la noción del tiempo y del espacio ordinarios, sabía dónde y cómo estaba mi cuerpo y era bastante conciente de la hora que era y del transcurso de los minutos. Pero simultánea a esa concepción existía la otra, la que acababa de iniciarse. No eran mutuamente excluyentes sino que se complementaban, con lo cual entendí por qué se le llama estado "ampliado" de conciencia. Estas circunstancias hacen muy difícil dar un orden cronológico a las impresiones que se iban generando en mi experiencia, por lo que debo listarlas y describirlas por separado en lo sucesivo. Más aun, de forma análoga a lo que sucede al despertar de un sueño, particularmente aquellos que nos causan una mayor impresión, al final uno debe luchar por retener lo experimentado en forma de ideas y palabras accesibles al entendimiento, pero una buena parte siempre acaba por escapar sin dejar huella en el recuerdo consciente.

Lo primero que sucedió fue que me encontré frente a un entramado de colores -estimo que eran rojo, verde, amarillo y azul claro- que no cesaba de renovarse, fluir y transformarse. Las formas ondeaban y se agitaban como el agua de un río, pero a su vez conservaban cierto orden, cierto diseño irregular. Eran tantas y tan variadas las imágenes que se gestaban que recuerdo haber tenido la clara sensación –allí y más adelante- de que iba a necesitar escribir un libro completo para poder dejar aquello asentado de alguna forma.

No se debe pensar que esto era simplemente una especie de mosaico o un conjunto de manchas de colores. Aquél flujo no sólo estaba vivo, danzaba de una manera magnífica y parecía estar cada vez más unido a mis emociones y a mi mente. La metamorfosis de las figuras respondía a algún orden que sólo era accesible a las partes más profundas de mi ser. El espacio-tiempo se volvió fractal, es decir que de cada pequeña porción de ese universo de formas, mi sola indagación conciente hacía surgir todo un nuevo universo contenido en su interior - y así sucesivamente. Yo navegaba por aquel mundo, tenía cierto control sobre lo que sucedía y también el deseo de dejarme llevar, ambas fuerzas equilibrándose mutuamente. El carácter de mis pensamientos y de mis sentimientos modificaba las características de aquel flujo. No hay una relación sencilla entre ellos, sino complejísima, pero que se hacía perfectamente evidente. Las imágenes –aunque no sé si es conveniente llamarlas así- se habían transformado en una parte orgánica más de mi ser, presentando a mi conciencia aspectos sutilísimos de mí mismo. Si bien la escena era mayormente abstracta, brotaban de todas partes figuras de carácter más o menos definido, unas veces eran algo así como insectos, o pequeños objetos de forma cambiante. Llegué incluso a observar con total claridad la boca de una mujer que me sonreía.

El flujo de impresiones guardaba relación no sólo con los elementos internos a mí, sino también con el estado de ánimo y las emociones que proyectaban las demás personas allí presentes. El canto de Don Antonio tenía un efecto formidable sobre aquello: Mientras más cálida y vibrante era su voz, tanto más lo eran los colores que se multiplicaban. Tuve la certeza de que ese bello canto estaba limpiando el ambiente y a todos nosotros, y nos estaba impartiendo vitalidad y serenidad. A su vez los extraños sonidos y gemidos de los participantes muchas veces generaban impresiones turbias y densas, que me "tiraban hacia abajo" y que en lo sucesivo explicaré con más detalle.

En las conferencias sobre chamanismo donde se habla de estas experiencias, al referirse a las fuerzas que entran en juego, se hace alusión a algo llamado "espíritu de la planta", lo cual corresponde al marco original y auténtico en el cual se desarrollan estos rituales milenarios. Mi experiencia particular me inclina efectivamente a concebir la existencia de cierto ser o espíritu extremadamente inteligente –en el sentido amplio de la palabra- y benevolente. Éste parecía introducirse en todos los aspectos de mi ser y recorrerlos buscando esos nudos que necesitaban ser desatados, para luego exponerlos nítidamente frente a mi. Esto no es una certeza objetiva, lo cual es comprensible dado el carácter profundamente íntimo del proceso, pero algo de otro orden me indicó en el momento que aquello era lo que verdaderamente ocurría. Es muy cierto que hasta cierto punto yo elijo creer esto que afirmo. Debemos reconocer que si a los fines prácticos dicho proceso pone de manifiesto su valor terapéutico, es permisible aceptar aquel impulso o pensamiento mágico como algo natural y espontáneo, y sobre todo útil a esos efectos.

En determinado punto de mi viaje sentí que una fuerza intentaba actuar sobre mi cuerpo físico. No lo experimenté como un acto violento de desalojo, sino más bien como una amable solicitud que pude rechazar en todo momento, pero que decidí aceptar. Si yo me sumía –más bien si mi propio cuerpo lo hacía- a dichas acciones, determinados músculos se iban contrayendo y tensando mientras otros, por el contrario, se relajaban a la vez que la percepción de mis miembros se iba alterando continuamente hasta darme la sensación de que mi cuerpo se transformaba en otra cosa. Dicha metamorfosis no se limitaba a lo físico, sino que gradualmente tomaba parte en mi mente y en mis emociones, de una manera orgánica. Mi conciencia –tal vez la instancia más pura de mí mismo – se mantenía a un lado, y extrañamente pude concebir con claridad su existencia individual, separada de los demás elementos que constituyen mi ser.

Hubo distintos intentos. Sucesivas configuraciones fisiológicas intentaban establecerse en mí, pero una tras otra eran "rechazadas", más como un acto instintivo que racional. Una cuestión visceral era la que se oponía a asumir dichas formas, y las disolvía una tras otra sin permitirles completarse. Por momentos había una tendencia a hacerme una bola compacta, con las piernas juntas y la cabeza agachada entre ellas, pero luego mi cuerpo la rechazaba. En otra ocasión mi cara empezaba a deformarse, como si mi cabeza se achatara, mi boca se estiraba hacia fuera y se hacía puntiaguda. Mi nuca y mis brazos se entumecían y los sentía cada vez menos. Pero al final el proceso se detenía y yo me reincorporaba.

Sólo una forma pudo por último proliferar en mi cuerpo. Me producía contracciones sucesivas en los músculos de la columna y los brazos, breves y repetidos espasmos que hacían temblar todo mi cuerpo y me inducían a estirarme más y más. La columna recta y erguida, la cabeza por momentos mirando hacia arriba, dando la sensación de estar totalmente extendido. Los brazos estirados hacia mis rodillas, las piernas cruzadas que eran lo que menos sentía, y cuya situación se confundía más con el suelo mismo que con una parte de mi propio cuerpo. Aquellos sacudones eran realmente agradables, hacían que mi cuerpo se aflojara y me conferían fortaleza, energía y optimismo. En un momento aquella fuerza me hizo sonreír marcadamente - no era el producto de ningún pensamiento risueño, simplemente esa sonrisa era propia de la forma que se desarrollaba en mí. Luego comencé a ondularme de manera rítmica, de un lado a otro, al compás del canto de Don Antonio. Era una sensación extremadamente placentera cercana al éxtasis. Yo me sentía a cada momento más y más identificado con aquel espíritu que me guiaba y jugaba conmigo.

En ningún momento perdí mi conciencia ordinaria. Sabía lo que ocurría en el mundo corriente, y lo que me estaba pasando. Fue esa parte de mi conciencia la que comenzó a interpretar todo lo que sucedía. Creo que de esto se habla cuando se menciona el desdoblamiento característico de las experiencias con ayahuasca. La primera cosa que se me hizo patente es el hecho muy poderoso, particularmente por mi forma de ser y ciertas características personales, de estar totalmente unido a mi cuerpo, moviéndome rítmicamente y disfrutando. Aquel ser me estaba enseñando a bailar, me estaba haciendo notar, en un lenguaje misterioso pero perfectamente comprensible, que debo escuchar más a mi cuerpo, que debo conectarme con él, que es maravilloso tenerlo, que soy sano y fuerte y que puedo hacer muchas cosas con él. Aquello fue muy significativo: desde que tengo uso de razón, siempre he tenido un conflicto con mi cuerpo, nunca he sido capaz de bailar o moverme con gracia y espontaneidad, nunca he sido adepto a la actividad física ni a la expresión corporal. Aquella primera revelación por sí misma me produjo una honda impresión, fuera de toda duda.

A medida que esta forma se completaba en mí, yo me identificaba más y más con ella, al punto de darme cuenta de que aquel ser era ni más ni menos que yo mismo, o al menos cierto aspecto muy profundo de mí. En ciertos momentos, en repetidas oportunidades, se desarrollaba el proceso que describo a continuación.

Algunas emociones y pensamientos densos y negativos se iban apoderando de mí gradualmente, tan sutilmente que no lo notaba, y aquella forma poderosa y erguida se iba debilitando más y más, y mi espalda se iba encorvando y mi cabeza descendía lentamente. Poco a poco iba creciendo en mí cierta angustia y cierto temor. Comencé a preguntarme si las cosas estaban saliendo bien, o si todo se estaba yendo fuera de control. Algunas personas, principalmente una mujer que estaba cerca de mí, se comportaban de una manera realmente preocupante, gemían y vomitaban y hacían ruidos extraños. Comencé a temer que algo hubiera salido mal, y que esto produjera efectos permanentes, que no pudiéramos volver. Luego me di cuenta que había consumido algo que no tenía la menor idea de cómo estaba preparado en realidad, pensé que apenas si conocía a estas personas en las que estaba confiando, que quizás me podría intoxicar y cosas de ese tipo. A medida que esas emociones y pensamientos cobraban fuerza, yo estaba cada vez más encorvado y débil, no podía tranquilizarme ni controlar mi ansiedad.

Entonces se producía algo formidable. Algo surgía en mí, un impulso extremadamente profundo e instintivo, sin que el intelecto entrara en juego, de repente explotaba y con una fuerza tremenda me erguía nuevamente en un solo movimiento, acompañado de una exhalación muy particular, una especie de seseo penetrante y rítmico, a la vez que mi cabeza y mi columna se ondulaban acompañando el sonido. En aquel momento recuperaba en un golpe toda la sensación de que las cosas estaban bien, volvía a sentirme fuerte, invencible, capaz de hacerle frente a cualquier cosa, expulsaba con fuerza pero –extrañamente –con suavidad y gentileza toda la negatividad, la cual se disolvía. De pronto las voces que habían ido creciendo en mi cabeza se callaban, todo el temor se esfumaba. Sólo quedaba una sensación maravillosa en mi corazón de que no había nada que temer: "Este hombre es bueno. Escucha su voz. Esto es hermoso, esto no puede ser malo. Debes confiar en él. Él se esfuerza por ayudarnos, está trabajando mucho para poder sanarnos a todos. Debes confiar en ti mismo. Eres fuerte. Debes escuchar a tu corazón. No hay nada que temer. Todo va a salir bien." Estas no eran palabras, sino una certeza fuera de toda medida, en el lenguaje del corazón, que me confería una plenitud indescriptible.

Aquella forma que había crecido en mí, que me hacía sentir fuerte y por sobre todo con la cual era más yo mismo que nunca, parecía ser una especie de serpiente. De allí el seseo y la ondulación rítmica. De allí la columna erecta. Fueron muchas las veces en que este mismo proceso, esta suerte de prueba aconteció, y cada una de las veces aquel impulso misterioso acababa de un golpe con todos los miedos y todas las dudas. Llegué al punto de sentir que podía ayudar a los demás, a quienes estaban pasando un mal momento. No había una razón para ello, simplemente así lo sentía. Cuando la negatividad que cargaba el aire comenzaba a tirarme hacia abajo, cada exhalación buscaba limpiar y disolver la negatividad a mi alrededor. La sonrisa que acompañaba a esta forma respondía a causas igualmente profundas y considero que era decisiva a los fines de conferirme fortaleza y serenidad. Es de notar que el propio Antonio reía numerosas veces durante el ritual, y que su risa era singularmente poderosa y efectiva para disolver el miedo. Era ni más ni menos que un cable a tierra, que restituía el sentido en los momentos en que las cosas parecían empezar a descontrolarse.

En cierto momento sentí náuseas y creí que tendría que vomitar, pero al final el malestar se fue tan rápido como vino. Creo que las repetidas exhalaciones me permitieron descargar la tensión por otra vía sin llegar a ese extremo.

Se dio un singular acontecimiento que no sé bien donde colocar en el relato. En un determinado momento fui empujado hasta un lugar en que me encontré frente a frente con algo que bien puede ser llamado un abismo. No hay ninguna imagen sensorial capaz de representarlo, pero ciertamente era algo tan concreto como una pared. Sabía perfectamente que de dejarme llevar ingresaría a él, pero era igualmente fácil resistirme y apartarme de allí. Debí tomar la decisión, al final no me atreví a aventurarme dentro de aquel lugar que era lo más parecido que he experimentado a la nada, al vacío absoluto. Tenía la sensación de que soltarme en ese pozo era la muerte, era lo desconocido, y no sabía si sería capaz de volver. Realmente tuve miedo.

Antonio llamaba a algunos de los participantes y los curaba. Los limpiaba con humo de tabaco y les hacía protecciones. Durante casi toda la experiencia estuve tan sumido en una profunda introspección que cada vez que llamaban a algún participante que quisiera ser curado lo dejé pasar. En un momento preguntaron quién quería pasar por último. Al principio tuve deseos de hacerlo, después de todo era una oportunidad única e invaluable. Otro de los participantes, un muchacho, quiso pasar también. Entonces de pronto, en forma similar a los demás impulsos, sentí que era muy fuerte, que me podía curar solo y que nada me podría hacer daño, que no necesitaba que otros me curaran o me protegieran. Creo que esa sola sensación fue sumamente positiva, y completó aquello que el espíritu de la planta quería decirme. Agaché la cabeza y no dije nada, para que el joven pasara en mi lugar.

Quiero mencionar algunos detalles más, que son llamativos. Cuando Antonio curaba a una persona, primero "chupaba" la maldad que había en determinada parte de su cuerpo. Luego carraspeaba y finalmente expulsaba en su flema esa negatividad. Al hacer todo esto, producía fuertes sonidos. Lo particular de esto es que mientras lo hacía yo claramente escuchaba dos voces a la par. Las dos se acompañaban, no hacían sonidos exactamente iguales, sino que se completaban armoniosamente y se seguían. Francamente era como si hubiera habido dos personas en vez de sólo una.

Don Antonio se fue rápidamente al final del ritual, apenas si alguien pudo saludarlo. Yo quedé con mis facultades alteradas hasta varias horas después de finalizada la experiencia. Mi cuerpo estaba torpe, al igual que mi voz y me costaba consolidar una oración coherente. Mi mente se desconcentraba con facilidad, y por momentos olvidaba lo que había sucedido segundos atrás. No obstante prevalecía en mí una sensación de indescriptible alegría y confianza en mí mismo, tenía deseos de reír y de hablar con todo el mundo. Preferí no decir casi nada de lo que había experimentado, era tanto que no sabía por donde comenzar. Sin duda fue una experiencia absolutamente positiva y que me dejó claro cuál es el camino que debo seguir de ahora en más. También tengo la certeza de que se han producido cambios en mí que seguirán operando en lo sucesivo, ignoro de qué maneras. No hay dudas de que el espíritu del Ayahuasca, por sobre todas las cosas, cura y enseña.

domingo 7 de junio de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Entonces escarbó las paredes del mundo pequeño, hizo un túnel en la tierra, y así llegó al mundo grande.

martes 12 de mayo de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Una imagen imprecisa, como olas verdes que golpean los dedos de los pies, murmuraba desde lo subterráneo.

"Todo esto, el espacio que habitas, lo creas tú a cada instante"

viernes 17 de abril de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Afuera, en la ventana, la belleza natural del mundo lo conmovía hasta las lágrimas.

Todo era tan perfecto que comenzó a sentir miedo - la sola idea de que un día surgiera algo capaz de agregarle o quitarle algo a su amado equilibrio lo atormentaba.

La música y los colores lo llamaban, pero él permanecía inmóvil y vacío.

domingo 5 de abril de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Con el tiempo se volvió un erudito.

Pero a medida que entendía más y más el universo, su alma se transformaba en un pájaro de cartón.

martes 24 de marzo de 2009

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Resultó ser que la profundidad no era inhóspita, sino cálida y tranquila. Sin muchas preocupaciones, nuestro héroe se dedicó a la lectura. Siempre dentro de su casa, muy apaciblemente, dejó pasar muchos días y noches.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Olvidando su misión, nuestro Héroe accede - quiere ingresar en lo profundo. La Reina del Mar se lo come.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
HEROE: Es usted verdaderamente imponente, Majestad. Verá: en el preciso sitio donde ahora mismo usted y yo conversamos, debía yo encontrar los restos de una barcaza.

REINA DEL MAR: ¿Y por qué quieres navegar? ¿No son de tu agrado las profundidades?

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Pero de repente las tres columnas se sumergen y unos instantes después sale a la superficie... ¡Una cabeza gigante!

CABEZA GIGANTE: Soy la Reina del Mar. No me interesa saber tu nombre, dime a qué has venido.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
De vuelta en el Mundo de los Sueños...

HEROE: No puede ser verdad. Difícilmente sean estos los restos de un barco. No me figuro qué cosa está sucediendo.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Muchos de mis semejantes mueren al convertirse en caramelos de frutilla.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Mi poder ni te lo podrías imaginar, yo lo he creado todo.

Soy bastante humilde, inventé el tiempo para poder volverme humilde.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Mientras tanto en el espacio exterior...

SER ESPACIAL: He aquí la esfera que las estrellas han señalado. Se trata de un planeta de gran belleza. Aquí será hecha la obra.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
HÉROE: Hay agua por todas partes.

VIDA: El mundo de los sueños es un mar infinito. A lo lejos flota un barco, pero está hecho pedazos. Nada hacia él, trépate a su cuerpo de madera, y después repáralo.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
HÉROE: ¿Estoy muerto?

MUERTE: ¡Claro que no!

VIDA: Estás penetrando en el Mundo de los Sueños

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Y yo soy Muerte!

Mi tarjeta de presentación es menos elaborada.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Soy Vida.

No hablo pero igualmente me escuchas.

No te escucho, pero sé lo que me dices.

Todo lo que ves, soy yo.

Todo lo que no ves, también soy yo.

Y lo que yo no soy,

también eso soy.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Entonces sangró.

Y dos maestros vinieron a él:

La muerte y la vida.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
¿Por qué tanto esfuerzo?

¿A dónde querés llegar man?

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Y esto...

Una "L" parece.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
Ok. Te voy a seguir el juego: Viene la curva.

Debe ser eso.

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.
(...)

Pintura...?

O sea que he estado todo este tiempo en una carretera!!!

Qué cosas....

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orginalmente cargado por Charly Feringlo.